Antes de publicar el blog, el último artículo en que tuve la oportunidad de trabajar fue en ingles, y al parecer el verano me tiene un poco fuera de práctica. Normalmente la idea principal del texto llega y casi naturalmente las palabras se conectan en mi mente, como si lo que escribiese fuese una suerte de poema en el cual expreso lo que sea necesario. En este caso, llevo una semana completa intentando comenzar con abordar un tema específico, pero el enfoque no me ha llegado, ese “chispazo” no esta ahí.
Lo cómico es, con estas vacaciones he ganado el hábito de ver un poco más de televisión, y mientras mi mente delira en mi idea inconclusa, es la misma aberrante farándula y sus programas quienes responden a mi necesidad. El tema es la inconsecuencia de la sociedad moderna, presente y consciente de su existencia a lo largo de toda nuestra vida. Todos la usamos a veces sin darnos cuenta, pero es en aquellos “modelos” de persona que tenemos en la televisión donde se nota más aun el hecho de que el ser consecuente parece pasado de moda.
Es fácil de notar, el hecho de ser consecuentes, trae al parecer consecuencias negativas –juego de palabras dejado de lado–, claro, porque el hecho de seguir la línea de nuestros actos y declaraciones, nos hace ganar detractores que no siempre apoyan nuestros pensamientos, sean los que sean, mientras que el ser inconsecuente, o mas elegantemente “adaptado” a cada persona y situación, nos permite cambiar, retirar y afirmar nuestros dichos en conveniencia del momento, cosa que naturalmente es mas fácil para cualquier ser humano.
Ahora que lo recuerdo, hace unos días en el diario leí el que hoy es el ejemplo perfecto, Maradona pidiendo perdón por la susodicha mano que es parte de la controversia de este hombre. Siendo que años atrás decía que era una medida planificada y necesaria, hoy se retracta de pensar que era lo correcto y espera que los ingleses lo perdonen por un mundial, todo considerando que Maradona valora el fútbol mas que cualquier ingles, sabe que eso no es algo que se obtenga contradiciendo dichos.
Otro ejemplo seria la moda de los opinologos, ese nombre que hace un tiempo inventaron y que hoy es una suerte de mística posición entre el pseudo periodismo de farándula de hoy en día, que supuestamente les da ese derecho de imponer sus pensamientos como se les de la gana, solo para contradecirlos dependiendo del día y la persona. Solo falta que la excusa de “pero si el empezó” o el también clásico “pero si el también lo hace” se crea valida para justificar esta clase de actitudes.
MusicMood: Sum 41 - We’re All To Blame
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